¿Psiquiatría general de adultos o Psiquiatría para los ancianos?

La reubicación de los “graduados” de los hospitales psiquiátricos, combinada con el creciente desarrollo de los servicios de psiquiatría especializados en ancianos, ha hecho surgir cuestiones sobre cuáles son las responsabilidades de los psiquiatras de “adultos” y las de los psiquiatras de ancianos en la atención a estos pacientes. No parece existir una fórmula que sustituya a la buena cooperación local y el vínculo entre los consultores y sus equipos, y no se cuenta con políticas de servicios, que a menudo producen directamente más exclusión que aceptación, y que no están motivadas por el deseo de cubrir las necesidades individuales de los pacientes de la mejor manera posible. Un servicio de atención general que no admite a sus pacientes cuando llegan a los 65 años no merece más respeto que un servicio de ancianos, los cuales pueden atender bien sus necesidades, que excluye a los sujetos de sus derechos de atención, simplemente por los antecedentes de trastorno mental anteriores a la edad avanzada.
El crecimiento sustancial de un sistema articulado entre los psiquiatras de ancianos y los médicos de familia, con una mayoría de equipos de enfermería psiquiátrica comunitaria trabajando en salas con médicos de familia y en equipos comunitarios, según se describe en los estudios realizados en 1993 y en 1999, debería ser la base que estimulara un abordaje más centrado de las necesidades de los “graduados”.
En 1982, un informe del Health Advisory Service titulado The rising tide (La marea creciente) señaló que “los ancianos enfermos mentales crónicos aún no se encuentran incluidos en la mayoría de los servicios de ancianos, principalmente debido al tamaño del problema y a que están profundamente fijados en la psiquiatría general”. Las directrices del Royal College of Psychiatrists (1987) para los consultores en psiquiatría de ancianos (que algunos autores [1995] encontraron que eran pobremente aplicadas en una pequeña auditoría de descripciones de trabajo) insisten en que: “Debería existir una manifestación clara en la política local sobre la asignación de la responsabilidad para la población mayor de 65 años. En este particular se debería referir los criterios y acuerdos que deberían emplearse para transferir a los pacientes del servicio “general de adultos” al servicio de “ancianos”. Un estudio realizado en 1985-86 en consultores de psiquiatria de ancianos encontró que el 82% de los encuestados con cinco o más sesiones en psiquiatría de ancianos dijeron que llevaban la responsabilidad de todas las enfermedades mentales en un área de captación dada y grupo de edad (habitualmente mayores de 65 años), en comparación con el 75% en un estudio anterior realizado en 1980. De los restantes, la mitad se ocupó solamente de pacientes con trastornos mentales orgánicos. En un nuevo estudio realizado en 1996 sobre los psiquiatras del reino Unido dedicados a la psiquiatría de ancianos, unos autores (1999) informaron de una tasa de respuesta de sólo el 51%. En sólo una quinta parte de los casos, los psiquiatras generales proporcionaron algunos servicios a los ancianos, limitándose a enfermedades funcionales en tres cuartas partes. Prácticamente dos tercios de los encuestados asumieron la responsabilidad psiquiátrica de los pacientes de la comunidad, pero sólo una tercera parte asumió el cuidado de los ancianos en el hospital. Para los trastornos funcionales en general todos los servicios presentaron una edad de corte, principalmente a los 65 años (con un rango entre 60-75 años). En una encuesta realizada por correspondencia en 1997, a la que respondieron 145 consultores de psiquiatría de ancianos en Inglaterra, Escocia y Gales. los autores destacaron la falta de una planificación y una política coherente para los “graduados”, e incluyeron respuestas que describían ciertos planes innovadores que tuvieron éxito pero también situaciones en las que los “graduados” fueron seleccionados inapropiadamente para los medios existentes. La cooperación entre organismos no fue fácil de lograr. La mayoría de los que respondieron a la encuesta sintieron que la necesidad individual debería dictar qué servicio, general de adultos o de ancianos, debería ser responsable, pero se sabía que era una cuestión polémica. Sobre el tema de los “graduados”, un informe inicial realizado conjuntamente por dos Royal Colleges (1989) observó: “…es habitual para los pacientes crónicos institucionalizados que alcanzan la edad avanzada que permanezcan bajo la atención de los servicios originales a menos que presenten claros motivos de enfermería para trasladarlos. El impulso hacia la atención en la comunidad y en clínicas para enfermos mentales crónicos aumentará, sin embargo, la demanda de servicios de psicogeriatría y la necesidad de provisión para dichos sujetos, si la comunidad soporta la ofensiva”. Si éste llegara a ser el caso, estos servicios deberían contar con los recursos humanos y físicos y con el compromiso de cumplir su cometido. A medida que aumentan los conocimientos sobre la eficacia de los nuevos medicamentos, de las intervenciones psicológicas y sociales en la esquizofrenia y otras enfermedades mentales prolongadas, y sobre los tipos de soporte en la práctica que se les pueden ofrecer a las personas responsables del cuidado de los pacientes y a éstos mismos, se debe evitar que los “graduados” y sus cuidadores sufran las injusticias en la provisión de la atención comunitaria que padecieron anteriormente en los hospitales psiquiátricos. En un tiempo en que se aspira a la mejora de los servicios para ancianos, y una nueva fase de incorporación y reorganización administrativa, los “graduados” se encuentran aún en riego de pasar de un estatus vergonzosamente bajo dentro de un sector de la psiquiatría a otro igual pero en otro sector.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*