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Cambios en la personalidad con el envejecimiento

agosto 24th, 2009 Posted in Varios

Existe la creencia popular de que cualquier cambio en la personalidad asociado a envejecimiento debe ser una característica negativa o adversa. Dichos estereotipos existen incluso entre aquellos que deberían asumir los cambios con una perspectiva desapasionada y profesional. El funcionamiento de la personalidad en los ancianos puede dividirse en aspectos negativos, neutrales y positivos de la personalidad. Éstos se exponen a continuación:

  1. Negativos:
    Egocentrismo
    Dependencia
    Dogmatismo
    Rigidez
  2. Neutrales:
    Asumir riesgos
    Percepción del control del locus
    Autoconcepto
    Autoimagen
  3. Positivos:
    Felicidad
    Moral
    Recuerdos
    Sueños e ilusiones

Las perspectivas negativas o neutrales predominan sobre las positivas. Los profesionales responsables del cuidado de los ancianos, con frecuencia en los momentos de estrés y ante la prersencia de una grave enfermedad mental o médica, también se inclinan por una perspectiva predominantemente negativa de los cambios percibidos en sus pacientes ancianos. ¿Cuales son los cambios de la personalidad relacionados verdaderamente con el envejecimiento y de que manera han sido estudiados?
Existen dos formas de observar los cambios de personalidad con el envejecimiento. En primer lugar, en los cambios de los diversos rasgos de personalidad (¿se tornan más o menos acentuados?). En segundo, ¿cuáles son los procesos del desarrollo que tienen lugar en la personalidad? Este último enfoque está íntimamente relacionado en la edad avanzada con el concepto de adaptación y se considerará en ese contexto.
Un argumento que merece especial atención es si la personalidad cambia con el envejecimiento o después de un período inicial de desarrollo formativo, o si permanece relativamente estable y constante durante toda la vida. Muchas consideraciones teóricas sustentan el concepto de una personalidad estable a lo largo de la vida. Por ejemplo, una perspectiva dinámica sobre la formación de la personalidad sostiene que los determinantes más importantes de aquella se formaron en la infancia después de un período crítico, lo que favorecería el concepto de estabilidad. Una perspectiva contraria, como destacar la importancia de los factores genéticos y constitucionales tempranos, también apoya la teoría de la estabilidad.
Los rasgos de personalidad pueden dividirse en tres grupos: biológico, cultural y los que tienen factores culturales y biológicos contribuyentes. También es descatable el efecto de cohorte en el ámbito de los estudios de personalidad, así como los efectos del envejecimiento en la inteligencia. Se podría argumentar que gran parte de los estudios de investigación de corte transversal sobre personalidad y envejecimiento reflejan cambios que representan un juicio de valor en cuanto se refiere a creencias y actitudes de generaciones previas. Ejemplos de esto incluyen los llamados cambios relacionados con la edad: rigidez, conservadurismo y estrechamiento de la perspectiva. Estos resultados se obtienen con un estudio longitudinal de muchas cohortes de edad, en tanto existen claras diferencias de corte transversal entre las diferentes cohortes: sin embargo, el cambio es una función de experiencias tempranas de socialización, frecuentemente comparten el impacto ambiental específico de cada generación y las transiciones particulares socioculturales que afectan a los individuos de todas las edades. La estabilidad de los rasgos es la regla en vez de la excepción. Otros estudios apoyan la idea de la estabilidad de la personalidad con el envejecimiento, el único cambio de cierta importancia es un aumento de la introversión a medida que avanza la edad. Otro estudio se inclina a favor del modelo de estabilidad, pero observó ciertos cambios, que podrían haberse atribuido a hipocondría y depresión en los grupos jóvenes; parecen estar más relacionados con una reacción apropiada a una enfermedad real.

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