Fisiología sexual en la vejez

En otras partes de esta obra pueden encontrarse revisiones detalladas de este tema, y aquí sólo haremos un pequeño apunte, concentrándonos en los aspectos fisiológicos de la respuesta sexual, más que en las influencias hormonales sobre la sexualidad.

Cambios fisiológicos en las mujeres

Masters y Johnson (1966, 1970) analizaron la respuesta sexual en las cuatro fases: excitación (activación), meseta, orgasmo y resolución, e identificaron cambios con la edad en todas ellas, fundamentalmente en la intensidad de los fenómenos muscular y vasoconstrictivo que están implicados en la función sexual. Durante la fase de excitación en las mujeres, el aumento del flujo sanguíneo en los órganos pélvicos tiene lugar con menor intensidad en la vejez, de manera que la vasoconstricción de la pared vaginal y la lubricación se reducen. Este efecto es particularmente notable cuando la falta de estrógenos ha causado el adelgazamiento y la reducción de los tejidos vaginales, que también tienden a reducir la capacidad de expansión de la vagina. Estos cambios atróficos son más graves en las mujeres que no han tenido relaciones sexuales: por el contrario, las relaciones sexuales o la masturbación regulares tienden a proteger el tejido vaginal de estos cambios asociados a las hormonas. La sensibilidad del clítoris a la estimulación sexual no queda alterada, pero cuando los tejidos pélvicos se han atrofiado son más sensibles a pequeños traumatismos como consecuencia de la estimulación física, en cuyo caso las sensaciones serán de irritación o dolor más que de excitación sexual. La fase de orgasmo experimenta relativamente pocos cambios con la edad. El número de contracciones vaginales y uterinas que se producen durante el orgasmo tiende a ser menor, pero la sensación no se altera, y las mujeres que experimentan orgasmos múltiples continúan teniéndolos con el paso de los años. Algunas veces las contracciones uterinas son más espasmódicas que rítmicas, y se experimentan de una forma dolorosa: los autores relacionan este hecho, especialmente, con un estado de privación de estrógenos. La fase de resolución es más rápida que en la juventud.

Cambios fisiológicos en los hombres

En la fase de excitación en los hombres mayores, las erecciones se desarrollan más lentamente, y requieren una estimulación táctil más directa que cuando se es joven, mientras que la estimulación psíquica aumenta proporcionalmente su importancia. Las erecciones suelen ser menos intensas: menos firmes, menos elevadas y duran menos tiempo. A menudo el pene, aunque suficientemente erecto para permitir la penetración, no pasa a estar completamente rígido hasta el momento de la eyaculación. Las erecciones y eyaculaciones nocturnas son menos frecuentes, aunque la reducción dela frecuencia no predice una relación sexual menos satisfactoria. Los cambios testiculares y del escroto asociados a la excitación también son menos intensos. En la fase de meseta, el “punto de inetabilidad de la eyaculación” no es muy distinto del de la juventud, y es posible que los hombres mayores puedan prolongar el placer de esta fase durante mucho más tiempo antes de experimentar la necesidad de eyacular. En la fase de orgasmo, la eyaculación se produce conmenos contracciones y con un menor volumen de líquido eyaculado, que sale de una forma menos violenta, aunque la intensidad de la sensación del orgasmo no tiene por qué alterarse necesariamente, y es una fuente de tanto placer como lo era en la juventud. La relación sexual satisfactoria sin orgasmo es común (y está vinculada al fenómeno de “menor presión para eyacular” comentado antes). La resolución que sigue a la excitación es más rápida en los hombres mayores, y el período refractario que sigue (durante el que no puede conseguirse de nuevo excitación) es más largo que en la juventud. Los hombres mayores pueden presentar un período refractario de 24 horas o más tras el orgasmo, en comparación con los pocos minutos necesarios en la adolescencia; pero si no se produce eyaculación, la nueva excitación puede producirse mucho antes.
El efecto de estos cambios fisiológicos en la calidad de una relación sexual depende mucho de las actitudes de las parejas, y de la libertad con la que se pueden comunicar entre ellos sexualmente. Una autora (1989) hace una clara distinción entre los efectos patológicos de la fisiología sexual y los efectos del envejecimiento normal sobre la función eréctil en el hombre. Ella denomina a lo último presbirrectia, señalando cuatro aspectos de importancia clínica: las erecciones son más suaves, se necesita más estimulación, duran menos tiempo y son más vulnerables a la ansiedad o al estrés. La capacidad de una pareja para adaptarse a estos cambios normales asociados al envejecimiento es crucial para la supervivencia de su relación sexual. La naturaleza gradual de los cambios permite que las perosnas seguras y flexibles adapten su estilo de hacer el amor, una adaptación que considran muchos una ganancia más que una pérdida. A ojos de estas parejas, el sexo se convierte en algo menos rutinario y bajo presión, y se comparte igualmente entre dos: las mujeres toman un papel más activo en los preliminares y los hombres son más capaces de disfrutar del acompañamiento romántico del sexo. Uno de los participantes en el Informe Hite (1976) escribió: “es una cuestión de crecimiento y desarrollo, pasar de una simple visión de sí o no del sexo a una mayor complejidad, variedad, sutilidad, fluidez… muchos de nosotros llegamos algo tarde al reconocimiento de su única e intrincada personalidad sexual”.

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