Genética y enfermedades cardiovasculares

Factores genéticos en la enfermedad

Los genes contribuyen a los trastornos cardiovasculares. Esta afirmación conlleva dos mensajes:
– En primer lugar, la enfermedad (incluso de causa más “ambiental”, como traumatismos, desnutrición y drogas), depende de la respuesta corporal a la agresión, y el estrés de esta respuesta (el fenotipo), al igual que la afectación y, quizás, la recuperación dependen del genotipo. Este concepto parece obvio y casi peca de simple, pero con frecuencia se pasa por alto.
– En segundo lugar, los factores genéticos influyen tanto en la causa como en el proceso patológico; la etiología y la patogenia, aunque relacionadas, difieren conceptualmente (la causa de la anemia drepanocítica es un único gen mutado, pero la expresión de las manifestaciones de la enfermedad en una sujeto homocigótico depende de un gran número de factores genéticos y no genéticos).

Trastornos cardiovasculares asociadoos a anomalías cromosómicas

Las anomalías cromosómicas afectan a un 0,5% de la población en el momento del nacimiento y representan un hallazgo frecuente en los tumores.

ANEUPLOIDIAklein
Cuando se pierden o ganan cromosmas aislados hablamos de ANEUPLOIDÍA:si se pierde un cromosoma se denomina MONOSOMÍA (porque sólo queda uno en el par), si se gana uno se denomina TRISOMÍA (porque hay tres cromosomas en vez de un par), como sucede con la Trisomía del par 21, el “mongolismo” o síndrome de Down. Cuando se aumenta un número genómico entero se le da el nombre de POLIPLOIDÍA: TRIPLOIDÍA, tres juegos, TETRAPLOIDÍA, cuatro juegos, etc. Estas mutaciones suelen ser perjudiciales en los animales, pero en las plantas pueden ser base de especiación a partir de individuos poliploides.

TRISOMÍA DEL CROMOSOMA 21: SÍNDROME DE DOWNfoto2
Se trata del fenotipo más frecuente debido a una anomalía cromosómica en el ser humano y se registra en uno de cada 600 nacimientos. Casi todos los pacientes presentan una trisomía del cromosoma 21 y el riesgo de portar esta anomalía se relaciona exponencialmente con la edad de la madre: el riesgo es mmás bajo en las mujeres jóvenes, aumenta de modo considerable después de los 35 años de edad y llega a afectar al 4% de las mujeres mayores de 45 años. Una reducida minoría (3%) de los casos de síndrome de Down deriva de la traslocación de una copia adicional de todo o una porción del brazo largo del cromosoma 21 a otro cromosoma. Esta situación es relativamente más frecuente en las madres menores de 30 años. Los fenotipos de ambas formas del síndrome de Down no difieren entre sí. El fenotipo tiende a ser menos grave cuando la trisomía es un mosaico (3% del síndrome de Down) como consecuaencia de un error de no disyunción mitótica en el embrión.

TRISOMÍA DEL CROMOSOMA 18
El síndrome de Edwards representa la segunda trisomía autosómica más frecuente. La mayoría de los casos se produce en el transcurso de la disyunción meiótica y existe una firme correlación con la edad materna. Las pruebas diagnósticas prenatales sistemáticas efectuadas en mujeres mayores de 34 años permitirían detectar todos los fetos aneuploides, pero tan sólo representarían un 30% de las trisomías autosómicas; en EEUU, menos de un 50% de las mujeres de esta edad se somete a pruebas definitivas. La detección prenatal de trisomías y la interrupción del embarazo asociada a ella están teniendo una reducida, aunque cuantificable, influencia en la disminucción de la incidencia de los síndromes de Down, Edwards y Patau.
A pesar de que la gravedad del fenotipo rara vez posibilita la supervivencia más allá de algunos meses, entre el 5 y el 10% de los pacientes sobrevive un año y unos pocos lo hacen hasta la edad adulta, posiblemente debido a un mosaicismo no detectado en una línea celular normal a nivel cromosómico. No obstante, la función del sistema nervioso central es notablemente inferior a la habitual en el síndrome de Down e impone un complejo tratamiento médico y complementario en los supervivientes a largo plazo.

TRISOMÍA DEL CROMOSOMA 13

SÍNDROME DE TURNER

Cardiopatías congénitas (editar)

Miocardiopatías

Cada una de las tres categorías clínicas de miocardiopatía primaria -hipertrófica, dilatada y restrictiva- puede deberse a la mutación de un único gen como indica la herencia mendeliana de un fenotipo constante en un nutrido número de familias. Muchos otros trastornos mendelianos y mitocondriales también originan miocardiopatías como consecuencia secundaria de la alteración metabólica básica.

Trastornos primarios del ritmo y la conducción (ver el capítulo correspondiente)

Trastornos del tejido conjuntivo

Los trastornos del tejido conjuntivo se dividen en dos amplias clases: los debidos a mutaciones en un único gen que determinan o afectan a componentes de la matriz extracelular y aquellos producidos por factores extrínsecos que actúan sobre la matriz extracelular, como la artritis reumatoide y el lupus eritematoso sistémico. La primera categoría engloba un elevado número de procesos que afectan al sistema cardiovascular.

Síndrome de Marfan

Metabolopatías congénitas con afectación cardiovascular

Varios centenares de anomalías bioquímicas que afectan al metabolismo humano influyen directa o indirectamente en el sistema cardiovacular.

Aminoácidopatías (editar)

Trastornos del metabolismo de los ácidos grasos (editar)


Trastornos hematológicos
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Amiloidosis familiares (editar)

Trastornos neuromusculares (editar)

Tumores cardíacos

Los tres tumores más frecuentes que se originan en el corazón son los mixomas, los fibromas y los rabdomiomas. Todos ellos forman parte de síndromes hereditarios o bien aparecen como entidades esporádicas.

Trastornos circulatorios hereditarios

Telangiectasia hemorrágica hereditaria (editar)

Síndrome de von Hippel-Lindau (editar)

Trastornos que afectan principalmente a las arterias (editar)

Trastornos que afectan principalmente a las venas (editar)

Trastornos que afectan principalmente al sistema linfático (editar)

Factores genéticos que predisponen a la aterosclerosis (editar)


Anomalías de la regulación de la presión arterial
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Referencias

Pyeritz RE. Genética y enfermedades cardiovasculares. En: Zipes DP, Libby P, Bonow RO y Braunwald E, coordinadores. Tratado de Cardiología. 7ª ed. Madrid: Elsevier; 2006. p. 1867-1909.

2009

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