Ictus

Déficit neurológico ocasionado por una disminución importante del flujo sanguíneo cerebral, de forma anormalmente brusca (ictus isquémico) o bien, por la hemorragia originada por la rotura de un vaso cerebral (ictus hemorrágico).

Diagnóstico diferencial y signos característicos

ACV Isquémico

El ACV trombótico se debe a un proceso gradual; la aterosclerosis (proceso de formación de unas placas amarillentas en la pared de los vasos sanguíneos, que contienen colesterol, tejido fibroso, productos de la sangre,…) es el principal factor de riesgo. A medida que se va formando lentamente la placa aterosclerótica en una arteria cerebral, va aumentando el riesgo de ictus trombótico
Sospecha: Dolor de cabeza y cambios en la lucidez mental
Confirmación: Tomografía computarizada del cerebro a menudo se realiza poco después del comienzo de los síntomas del accidente cerebrovascular. Asimismo, se puede hacer una resonancia magnética del cerebro en lugar o después de ésta.

ACV hemorrágico
Responsables del 20% de todos los ACV

El ACV embólico produce un déficit brusco (en cuestión de segundos o minutos) y habitualmente aparece a últimas horas del día cuando la persona está activa.
Sospecha:
Hemorragia intracerebral:los síntomas casi siempre ocurren cuando la persona está despierta. Tienden a aparecer sin previo aviso, pero pueden desarrollarse gradualmente. Éstos empeoran en un lapso de 30 a 90 minutos. Debilidad repentina, parálisis o entumecimiento en alguna parte del cuerpo, incapacidad para hablar, desviación repentina de los ojos hacia una dirección, vómitos, dificultad para caminar, respiración irregular, estupor, coma.
Hemorragia subaracnoidea: cuando está causada por un aneurisma roto, los síntomas pueden incluir: dolor de cabeza severo y repentino (algunas personas lo describen como un “trueno”), pérdida de conocimiento, náuseas y vómitos, incapacidad para mirar la luz brillante, cuello rígido, mareos, confusión, convulsión
Confirmación: Presión arterial y examen, incluidos un examen neurológico y un examen cardiaco. Tomografía computada (TAC) o una imagen por resonancia magnética (IRM). En el caso de los ACV hemorrágicos, las TAC son los exámenes más efectivos y rápidos. Si se sospecha de una hemorragia subaracnoidea, podría hacerse una punción lumbar, también llamada punción raquídea, mediante la cual se extrae una pequeña muestra de líquido cefalorraquídeo con una aguja que se inserta dentro de la espalda. Este líquido se examina para ver si contiene sangre. La angiografía por IRM, puede dar información sobre el flujo sanguíneo en el cerebro.

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