Problemas con la personalidad neurótica crónica en la vejez

Se ha empleado mucha energía para tratar de establecer si una persona que presenta síntomas neuróticos durante largo tiempo tiene un trastorno de la personalidad o una enfermedad neurótica. Al comparar la prevalencia que se presenta en la vejez , ciertos autores encontraron en su muestra sólo el 1,4% de enfermedad neurótica , y el 10,6% de trastornos de personalidad . Otros autores encontraron que el 8,9% de los sujetos presentó enfermedad neurótica, y sólo el 3,6% tenía un trastorno de personalidad. Dichas diferencias se deben, probablemente, a los diversos resultados de los criterios diagnósticos, antes que a diferencias fundamentales, en especial, como se presentan las proporciones combinadas de ambos grupos, puesto que son bastante similares para las dos muestras. En consecuencia, el trastorno neurótico de personalidad y el trastorno neurótico crónico serán considerados de forma conjunta en este apartado. El trastorno neurótico crónico está asociado con llamativos problemas de personalidad durante toda la vida, y lo que le sucede a estos sujetos cuando se encuentran con la vejez es que a menudo contemplan la perspectiva desde una posición pesimista.
Los ancianos crónicamente neuróticos son considerados únicos. Se ha dicho que la edad avanzada distorsiona y exagera las tendencias psicopatológicas moderadas y reprimidas, pero los estudios objetivos no han confirmado dichos hallazgos. Un autor concluyó que los síntomas conversivos histéricos más graves y los estados disociativos no persisten en dicha forma durante más de 5 años. Las reacciones depresivas remiten con el tiempo y sólo la ansiedad tiende a persistir; incluso los estados obsesivos mejoran con el tiempo.
Muchos ancianos, con alteraciones considerables en la infancia y neurosis de larga evolución, disfrutan relativamente bien de la vida en la vejez, a pesar de los notables síntomas neuróticos. Se muestran activos, evitan la soledad, no están particularmente aislados, e incluso se les ve más activos que a los sujetos normales (concepto de Butler de hiperactividad contrafóbica).
Según parece, en la edad avanzada, estos sujetos no mostraron necesariamente otros síntomas neuróticos con cuestiones referentes a la sexualidad, la competencia en la vida diaria, y las responsabilidades importantes que otros rechazan. Por el contrario, con frecuencia al principio, eran capaces de dar lo mejor de sus vidas y obtener satisfacción de diversas formas. Al menos, en algunas personalidades neuróticas, la exageración de la psicopatología de sus años jóvenes no parece tener cabida.
Otra cuestión que debería considerarse es en qué grado afecta el estrés intenso en etapas tempranas de la adultez el neuroticismo y los trastornos psicosomáticos de la vejez. Una investigación realizada en los supervivientes del holocausto judío comparados con controles apareados para la edad y el sexo que emigraron antes de 1939 arroja cierta luz al respecto. No obstante, sus hallazgos son ambiguos. Por un lado, la prevalencia de enfermedades psicosomáticas no presentó variaciones entre ambos grupos, pero por otro lado la población del holocausto mostró un grado ligeramente superior de agotamiento emocional 40 años después de las experiencias traumáticas. Si se tomara como indicador de estrés prolongado la necesidad de tratamiento antihipertensivo no se encontrarían diferencias significativas entre los dos grupos.
En un estudio similar se compararon soldados que habían sido prisioneros de guerra de Japón con excombatientes del sudeste asiático que no habían sido capturados. El estudio reveló una presencia actual mayor de trastorno depresivo y de ansiedad y una mayor prevalencia de enfermedad psiquiátrica, sobre todo en el período de posguerra en el grupo precedente. El grupo índice mostró también una incidencia más alta de úlcera duodenal, pero por otra parte su salud física no difirió significativamente del grupo control, ni siquiera la mortalidad ajustada según la edad. En conclusión, parece que estos factores de estrés poderosos en las etapas adultas tempranas tuvieron un efecto significativo en las víctimas de estas experiencias pero no fue tan considerable como cabría.

EPIDEMIOLOGÍA DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD
En los estudios clásicos se usaron el criterio clínico y las entrevistas semiestructuradas para obtener un diagnóstico, lo que produjo prevalencias del trastorno de personalidad. Sin embargo, estos resultados dependieron de los criterios diagnósticos individuales y no fueron comparables entre sí: apareció neurosis en un 6,2% de los casos y trastorno de personalidad en el 5,8%.
Por ejemplo, un estudio arrojó una prevalencia relativamente baja de trastorno de personalidad (3,2%) y una tasa alta para las categorías incluidas en neurosis (9,4%). Es interesante destacar que cuando se suman para estas muestras la prevalencia del trastorno de personalidad y la de neurosis los resultados son muy comparables (12 y 12,5%). Estos hallazgos sugieren que las diferencias entre dichos estudios están más relacionadas con las reglas empleadas para realizar el diagnóstico que con diferencias en la prevalencia.
Con la llegada de los cuestionarios estandarizados como la Geriatric Mental State Scale (GMSS) y la posterior aparición de programas computorizados del tipo AGECAT, se proporcionaron resultados fiables, repetibles y válidos. En consecuencia, la prevalencia de categorías de trastornos psiquiátricos principales en la vejez podría compararse con otros estudios y podrían realizarse comparaciones transversales nacionales.
Sin embargo, la detección de trastornos de personalidad con esta misma base no fue posible. Los trastornos de personalidad presentan límites poco precisos y resultan difíciles de detectar utilizando dichos cuestionarios. Los principales tipos de trastornos de personalidad se encuentran disponibles en el DSM-IV. Sin embargo, muchos tipos de trastorno de personalidad se encuentran mejor definidos por las descripciones dimensionales; pero los tests psicológicos dimensionales de personalidad son extensos, llevan mucho tiempo de aplicación, y son difíciles de emplear en un gran número de sujetos residentes en la comunidad. El advenimiento de un cuestionario simple, el DIS, aumentó el número de grandes escalas para las muestras comunitarias. Bajo el auspicio del programa ECA se realizó un estudio de prevalencia de 6 meses en 3 comunidades. Fueron incluidas varias categorías diagnósticas indicativas de trastorno de personalidad, entre éstas, el trastorno “antisocial de personalidad” mostró una prevalencia promedio en hombres mayores de 65 años del 1,1%. La prevalencia para hombres jóvenes entre 18 y 44 años fue de 2,2%. No se diagnosticó trastorno antisocial de personalidad en ninguno de los grupos de mujeres mayores de 65 años. Los trastornos de personalidad no destacaron entre los cuatro diagnósticos más frecuentes del DSM-III en hombres y mujeres mayores de 65 años.
A pesar de la disponibilidad del DIS, un cuestionario válido y fiable, parece existir una barrera para el estudio de trastorno de personalidad a gran escala, aleatorio, en muestras de pacientes residentes en la comunidad. Solamente emergen las formas más notables de trastorno de personalidad, como el tipo de personalidad antisocial y psicopática, las otras entidades clínicamente significativas son muy difíciles de describir.
El estudio del trastorno de personalidad en el ámbito clínico presenta una gran oportunidad para aplicar cuestionarios más específicos y delinear otros aspectos del trastorno de personalidad de importancia clínica. La clasificación frecuentemente aceptada para tales estudios del trastorno de personalidad es la que se describe en el DSM-IV.

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