Rasgos de personalidad y experiencias angustiosas en la vejez

Un estudio examinó la relación entre diversos tipos de rasgos de personalidad y hechos acaecidos en etapas tempranas de la vida, factores sociales, discapacidad física, quejas y síntomas corrientes. Según el criterio clínico, los sujetos fueron asignados a diversos grupos, siendo los cuatro más frecuentes:
1. Tendencia a la ansiedad.
2. Inseguridad y rigidez.
3. Paranoide y hostil.
4. Inadecuado.
Los sujetos que presentan rasgos de tendencia a la ansiedad e inseguridad se quejan y presentan más síntomas en etapas tempranas de la vida que los que se encuentran en los grupos paranoide e inadecuado. La personalidad con tendencia a la ansiedad también parece que provee la predisposición más acentuada a presentar neurosis de inicio tardío, con mayor frecuencia de tipo depresivo.
Al observar las correlaciones con las variables que presentan relación con las experiencias de la infancia, las personalidades inseguras parece que han vivido más traumas en la infancia temprana. De este modo, se podría exponer la hipótesis de que las personalidades con tendencia a la ansiedad surgen a partir de un origen más genético y biológico, en tanto que los rasgos de inseguridad son más bien resultado del impacto del ambiente durante las etapas tempranas de la vida.
Los rasgos paranoides de personalidad en la edad avanzada no parecen ser desadaptativos como suelen ser en años anteriores. Las vicisitudes de la vejez, la pobreza, las pérdidas y el aislamiento se combaten, con frecuencia, mediante una actitud extrapunitiva hostil de dichos sujetos; los psiquiatras sólo ven el final del espectro, en el cual fracasan los mecanismos adaptativos y de afrontamiento. Dichas personalidades presentan características contrafóbicas y una inclinación a usar defensas de energía muy variada, maestría para atacar; proyección con el intento posterior de moverse agresivamente contra la amenaza externa. Dicha adapatación fue evidente en una proporción importante de sujetos de una muestra aleatoria.
Las personalidades del tipo inadecuado, con sus fracasos eternos (ocupaciones sociales y de relaciones interpersonales estables), se adaptan con frecuencia bastante bien a la vejez. Suelen tomar un papel sumiso y gratifican de muchas maneras a las personas responsables de sus cuidados, al cumplir las pautas y dejarse cuidar.
En conclusión, cuando se valoran rasgos de personalidad en ancianos, el psiquiatra debe cuestionarse si éstos presentan los efectos de su personalidad o si, por el contrario, las personas que conviven con el anciano llegan hasta el punto de agotar su resistencia y el paciente les hace daño. En caso de ser así, está justificada algún tipo de intervención.

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