Sexualidad normal en la vejez; resultados

Teniendo en cuenta los aspectos metodológicos anteriores, podemos volver a lo que sabemos sobre la sexualidad en la vejez, concentrándonos más en temas que surgen de la bibliografía (1969, 1977, 1978, 1980, 1981, 1983, 1990 y 1999) que en los resultados numéricos específicos para el contexto de cada estudio.
Los resultados del estudio longitudinal de voluntarios sanos de la población, realizado por el Duke University Center for the Study of Aging and Human Development, mostraron que el 60% de los sujetos casados (en esta muestra) entre 60 y 69 años, casi la misma proporción de los de los que tenían edades comprendidas entre los 70 y los 74 años, y el 25% de los que tenían 75 años o más, se mantenían sexualmente activos. Incluso en una edad muy avanzada, la actividad sexual no desapareció completamente: una quinta parte de los hombres de 80 y 90 años refirieron mantener relaciones sexuales una vez al mes o algo menos. (Por comparación, un tercio de los hombres en este grupo de edad en un estudio de 1985 informaron de algún “coito ocasional”).
Se identificaron algunos determinantes importantes de la actividad sexual: edad, sexo (los hombres eran más activos sexualmente que las mujeres de la misma edad), estar casados (con una mayor influencia en la actividad sexual de las mujeres que en la de los hombres), la propia salud física (más importante en el caso de los hombres), y la salud de la pareja (más importante en las mujeres). El interés sexual se evaluó independientemente de la actividad sexual; en todos los grupos de edad el interés era más común que la actividad, y aunque era menos habitual en los grupos de mayor edad, este efecto de la edad era menos importante en el caso de la actividad sexual. La discrepancia entre el interés y la actividad era mayor en las mujeres que en los hombres, pèro en todas las edades la prevalencia del interés sexual era menor en las mujeres que en los hombres.
La mediana de edad para abandonar la relación sexual era de 68 años en los hombres, y de 60 en las mujeres (pero aquí se incluía tanto los sujetos casados como los viudos). Dentro de cada grupo de edad, algunos individuos eran más activos que otros. Si se dividían en dos grupos de acuerdo con su actual nivel de actividad, había diferencias en sus antecedentes sexuales (las personas activas en edades avanzadas siempre habían estado más interesadas en el sexo), y diferían en la evolución de su actividad sexual, que tendía a mantenerse estable con el paso del tiempo, ya además, estas personas se mantenían también en los mismos grupos cuando se clasificaban nuevamente años después. Por tanto, el patrón modal es mantener un nivel relativamente estable de actividad sexual a lo largo de la vida hasta los 70 años o más; sin embargo, en algunos individuos la actividad sexual se reducirá, y en otros aumentará un poco.
Las mujeres mostraron la misma estabilidad en la actividad sexual a lo largo del tiempo, pero (en las muestras estudiadas) a un nivel promedio inferior al observado en hombres de la misma edad. La persistencia del interés sexual y de la actividad en ancianas está menos relacionada con la edad de inicio de la actividad sexual; parece más influida por factores sociales y por el grado en que su experiencia sexual las condujo al orgasmo. En otras palabras, las mujeres que habían disfrutado del sexo continuaban siendo sexualmente activas durante más tiempo que las que no lo habían hecho. Esta feliz coincidencia de hallazgos científicos con el sentido común viene apoyada por los informes de caso único de mujeres cuyos niveles de actividad e interés sexual eran bajos durante su primera relación sexual (normalmente dentro del matrimonio), pero aumentaban de forma importante en los últimos años de su vida cuando iniciaban una relación nueva y más satisfactoria.
Al considear los resultados de los estudios de la Duke University, es importante recordar que se refieren a una muestra de nacidos a finales del siglo XIX o antes, mientras que una muestra similar recogida hoy día incluiría a personas nacidas a partir de 1930, en un contexto social muy distinto. Es interesante comparar los resultados de un estudio más reciente (1988), también en California, sobre ancianos de 80 años o más, en centros de larga estancia. Se trataba de un estudio transversal con voluntarios; sólo un tercio de las personas respondieron al cuestionario, pero dentro de este grupo, el 65% de los hombres y el 30% de las mujeres refirieron que todavía mantenían relaciones sexuales de vez en cuando. Acariciarse era lo más frecuente, y así lo confirmaban el 82% de los hombres y el 64% de las mujeres.
Estudios posteriores han complementado los primeros resultaos aquí expuestos. Algunos están basados en muestras procedentes de la población general de ancianos: por ejemplo, uno de 1996 utilizó un cuestionario en el que participaron voluntarios de la comunidad; otro de 1988 reclutó a personas entre 65 y 106 años remitidas por sus médicos generales en Italia, como parte de un estudio internacional realizado por la OMS; otro de 1996 seleccionó a ancianos incluidos de froma aleatoria a partir del censo electoral en Australia, como parte de un estudio sobre salud general; otro de 1996 utilizó un cuestionario en hombres, una muestra estratificada por la edad de la comunidad en Suecia; y en 1997 se realizó un estudio de seguimiento a 20 años de hombres galeses, un estudio add-on (conjunto) con un estudio sobre la mortalidad cardiovascular.
Otros estudios han identificado grupos específicos: en 1997 se reclutaron beneficiarios de Medicare en la comunidad de California; en 1998 a personas centenarias, como subgrupo del estudio mencionado anteriormente; en 1999 a miembros de la 50+ Fitness Association, un grupo selecto de americanos físicamente activos y muy motivados; en 1997, un estudio de observación de enfermería de pacientes con demencia en centros de larga estancia en Israel; y en 1998 se realizó un estudio de sexualidad y demencia en residencias de larga estancia de los servicios sociales en Inglaterra, utilizando los informes de los gestores del centro.
Muchos de los resultados de estos estudios son idénticos a los encontrados en estudios anteriores. La edad, el buen estado físico, el sexo y la salud mental son factores importantes que influyen en el interés y la actividad sexuales. Se observó que cerca de dos tercios de los ancianos están interesados en el sexo, mientras que un tercio se mantienen sexualmente activas; no obstante, cerca de dos tercios de los que no se mantienen activos sexualmente están satisfechos con ello. Los hombres tienden a estar más interesados en la práctica del sexo, las mujeres más en el afecto y las caricias amorosas, mientras que ni unos ni otros daban demasiao valor al sexo oral. Un estudio del 2000 analizó minuciosamente la influencia del estado cognitivo sobre la actividad sexual, y demostró relación entre las puntuaciones superiores en escalas de calidd de vida, mantenimiento de la actividaad sexual y estado cognitivo. Desde su punto de vista, más que factor determinante en la conducta sexual, la integridad cognitiva tendría un papel importante en la preservación de una adecuada capacidad para superar las barreras culturales, psicológicas y físicas que limitan la expresión completa de la vida sexual. Implícita o explicitamente, la misma conclusión aparece en muchos otros estudios sobre la demencia y la sexualidad en la vejez.
Los investigadores de la Duke University preguntaron a los sujetos en los que habías descendido el nivel de actividad sexual que sugiriesen la causa de esto. Los hombres tendían a dar como razón el inicio de una enfermedad y la pérdida de la pareja. Su interés sexual solía persistir incluso cuando la actividad había declinado. En el caso de las mujeres, las principales razones para el descenso de su actividad sexual fueron: la pérdida o enfermedad de la pareja y la propia enfermedad. La pérdida de la pareja es, a la vez, la razón más frecuente en las mujeres y algo más que una limitación, ya que suelen sobrevivir más tiempo que los hombres y tienden a ser más jóvenes que sus parejas, de modo que hay muchas más viudas que viudos. Como promedio, una mujer sobrevive a su pareja unos 6 años. Un nuevo matrimonio es menos común en las mujeres que en los hombres, tanto por la existencia de menos parejas potenciales de las mismas edades o algo mayores, como por las presiones sociales que tienden a no reforzar una pareja entre un mujer más mayor y un hombree más joven. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio también son más difíciles de establecer en las mujeres.
La actividad sexual solitaria (tanto en personas que mantienen una relación con otra, como en las que están solas) en forma de masturbación es más difícil de estudiar, ya que los mayores (de ambos sexos) son reticentes a hablar de ello en general o en referencia a ellos mismos. La fuerte actitud negativa hacia la masturbación actual de los mayores hace más probable que los que se masturben lo nieguen, de forma que los datos de que se dispone subestiman el número de personas que encuentran satisfacción en esta forma de expresión sexual. Una de las personas que respondió al informe Hite (1976) expresa claramente los complejos sentimientos que pueden acompañar a este simple acto sexual: “la masturbación ha sido importante para mí porque no he podido buscar sexo fuera del matrimonio. De modo que masturbarse ha sido una liberación, pero no lo practico intensamente a causa de los tabúes religiosos y familiares ques e me han impuesto desde la infancia… Disfruto con la masturbación ´durante´, pero después me siento culpable e intento racionalizar mis sentimientos. Un estudio danés comunicado en 1980 daba una prevalencia de la masturbación en los hombres del 43% entre los 70 y 75 años, y del 21% entre los 80 y 95 años. En un estudio con hombres casados sanos de 60 a 71 años (1987) la prevalencia era del 41%. Otro autor (1965) encontró una prevalencia del 25% en mujeres casadas de 65 años, y del 0% en mujeres casadas de 70 años, mientras que el 33% de las mujeres de 65 años casadas anteriormente y el 255 de las de 70 años se masturbaba. En un estudio de 1982 se exponen los determinantes de la masturbación en entrevistas con voluntarios, y en un estudio de 1988, el 72% de los hombres y el 40% de las mujeres informaron de que se masturbaban algunas veces, pero (como en otros estudios) muchos de los sujetos simplemente evitaron la cuestión.
Menos se sabe de los aspectos no genitales de la sexualidad de los ancianos. Un autor (1988) en un estudio con viudas (voluntarias entre 40 y 89 años, excluyendo las que habían iniciado una nueva relación o vivían en una institución) preguntaron por los obstáculos percibidos para cubrir sus necesidades sexuales, el grado de infelicidad atribuida a la pérdida de compañía sexual , y las actividades alternativas que podían satisfacer sus “necesidades afectivas y sexuales”. Las viudas más mayores eran menos conscientes de los obstáculos (como considerarse menos atractivas); eran menos infelices que las viudas más jóvenes por la pérdida de compañía; también con más probabilidad escogían actividades como “estar con los nietos” en vez de “salir a un cita” o “acariciarse el cuerpo para conseguir satisfacción sexual” como formas alternativas de cubrir sus necesidades afectivas. El autor comentó el placer sexual que experimentaban las viudas más mayores cuando se soltaban el pelo y vestían lencería, y sugirieron que estas actividades deberían tomarse muy en serio en la terapia y la educación dirigidas a las viudas más mayores. En el estudio de 1988, el 88% de los hombres y el 71% de las mujeres tenían fantasías o sueños diurnos (al menos una vez al año) sobre “estar cerca, intimar y sentirse afectivamente vinculado a una persona del sexo opuesto”.

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