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Toxoplasmosis

febrero 27th, 2010 Posted in Varios

Infección causada por el protozoo Toxoplasma gondii, parásito intracelular humano, presente también en numerosas especies animales (carnívoros, herbívoros y aves). El hombre puede infectarse principalmente por tres mecanismos: a) ingestión de carnes insuficientemente cocinadas, b) ingestión de ooquistes procedentes de heces de gatos infectados, y c) por vía transplacentaria. Otras posibilidades de transmisión mucho menos frecuentes son la transfusional, a través de trasplantes de órganos, y la accidental (laboratorios). La toxoplasmosis es una infección que en los humanos es muy frecuente (datos seroepidemiológicos), aunque la mayoría son benignas y asintomáticas. En los casos de enfermedad sintomática, la infección se caracteriza por una intensa y rápida destrucción celular, en relación con la multiplicación de los microorganismos y la formación de quistes. El parásito presenta un tropismo especial por las células del pulmón, el corazón, los órganos linfoides, el ojo y el SNC, aunque puede afectar a muchos tejidos diferentes. En consecuencia, las formas clínicas de la toxoplasmosis son variables, dependiendo del órgano o sistema afectado. Los casos más graves de toxoplasmosis corresponden a la infección congénita, así como a las reactivaciones en sujetos inmunodeprimidos, especialmente en enfermos de SIDA en los que produce habitualmente encefalopatía difusa, meningoencefalitis o lesiones ocupantes cerebrales. Puede provocar manifestaciones similares en otros pacientes inmunodeprimidos particularmente en receptores de trasplante de órgano sólido. En la mujer embarazada es muy importante conocer su situación inmunológica para prevenir el riesgo de transmisión al feto. En general, el diagnóstico de laboratorio de la toxoplasmosis humana se basa, sobre todo, en la detección y caracterización de la respuesta inmunitaria humoral específica, aunque es preciso considerar ciertas diferencias en relación con las distintas situaciones posibles: a) el sujeto inmunocompetente; b) la mujer embarazada; c) la toxoplasmosis congénita, y d) el paciente inmunodeprimido.

Diagnóstico microbiológico

Aunque resulta posible, el diagnóstico de la toxoplasmosis no se realiza por demostración del parásito o de sus productos (antígenos) en diferentes muestras clínicas, como sangre, líquidos orgánicos o tejidos, sino que estos métodos se reservan para cuando la respuesta inmunitaria humoral resulte insuficiente o anómala, como ciertos casos de infección fetal y pacientes inmunodeprimidos, especialmente con afectación de SNC (débil respuesta inmunitaria). En estos casos, es de gran importancia para establecer el diagnóstico la constatación de los parásitos, que pueden observarse y/o cultivarse a partir de diferentes muestras. En la toxoplasmosis congénita: líquido amniótico, sangre fetal, placenta y sangre de cordón. En la toxoplasmosis grave, en pacientes inmunodeprimidos: sangre, médula ósea, LCR (centrifugación), lavado broncoalveolar (centrifugación) y biopsia cerebral.
Las técnicas más empleadas en estos casos son: determinación de antígeno en suero u orina mediante una prueba de ELISA (únicamente en laboratorios muy especializados, o de referencia); observación directa sobre extensiones o frotis, tras coloración de May-Grünwald-Giemsa; visualización mediante una técnica de inmunofluorescencia empleando anticuerpos monoclonales; inoculación al animal de laboratorio, válido para cualquier tipo de muestra (resultados previos: 7 días; definitivos: 45 días; únicamente en laboratorios muy especializados, o de referencia); cultivos celulares, en células tipo MRC5 (fibroblastos), o THP 1 (monocitos); demostración mediante coloración de Giemsa o con anticuerpos monoclonales (únicamente en laboratorios muy especializados, o de referencia); biología molecular, mediante técnica de PCR (únicamente en laboratorios muy especializados, o de referencia).
DIAGNÓSTICO SEROINMUNOLÓGICO
El diagnóstico de la toxoplasmosis humana, y en especial el establecimiento del momento aproximado de la infección, exige a menudo la determinación de diferentes marcadores serológicos, especialmente si, como en el caso de la mujer embarazada, es importante excluir una infección reciente. La detección de la IgG específica permite confirmar una infección anterior por Toxoplasma gondii, aunque una determinación aislada no permite precisar la antigüedad de dicha infección, y únicamente proporcionaría información sobre el estado inmunitario del sujeto. La realización de dos determinaciones de IgG en un período de 15-20 días permite confirmar la existencia de una infección reciente (si se demuestra una seroconversión) o antigua (en ausencia de seroconversión). El estudio de la cinética de los anticuerpos IgG constituye, por lo tanto, un buen criterio para precisar el estado evolutivo y datar la infección, aunque presenta el inconveniente de que el rsultado no está disponible hasta pasadas 2-3 semanas, lo cual resulta difícilmente aplicable al diagnóstico de la toxoplasmosis en la mujer embarazada. Por otra parte la realización de esta comparación entre dos o más muestras de suero debe hacerse en condiciones muy rigurosas (mismo laboratorio, misma técnica y preferiblemente “en paralelo”). La determinación de IgM específica supuestamente solucionaría el problema. Si consideramos que en el curso general de la infección la persistencia de este tipo de anticuerpos es de aproximadamente 6 meses, se podría asociar la presencia de IgM anti-Toxoplasma a una infección reciente (menos de 6 meses). En el caso concreto de la toxoplasmosis, la determinación de IgM específica por métodos inmunoenzimáticos muestra que la persistencia de estos anticuerpos en suero (en ausencia de evidencia clínica de enfermedad) es muy superior a 6 meses, pudiendo alcanzar en ocasiones varios años. Este hecho se asocia, por una parte, a la elevada sensibilidad de algunos de los métodos empleados y por otra, a la existencia de anticuerpos IgM “naturales” que si bien reaccionan con ciertos antígenos de Toxoplasma gondii, no se producen como resultado de una infección previa por el parásito, y deben ser consideradas reacciones falsas positivas, que requerirían pruebas confirmatorias. En definitiva, los sistemas de diagnóstico de la toxoplasmosis basados en la presencia de IgM específica son claramente insatisfactorios, y pueden causar una gran confusión especialmente en relación al diagnóstico en la mujer embarazada. La determinación de IgA anti-Toxoplasma, cuya necesidad surgió ante los problemas derivados de la titulación de IgM, sí que contribuye eficazmente al diagnóstico pues la cinética de las IgA es comparable a la de las IgM al comienzo de la infección, pero la desaparición de las IgA es más precoz, lo que permite diferenciar las infecciones agudas y crónicas en caso de persistencia prolongada de las IgM. En la práctica, se admite que la perssitencia de las IgA es inferior a 4 meses, por lo que la prsencia de este marvador iría asociada a una toxoplasmosis reciente de menos de 4 meses de evolución. En el caso concreto de la toxoplasmosis congénita, se admite que la persistencia de anticuerpos IgA en el suero del recién nacido durante 5 días o más permite afirmar una síntesis propia, es decir, una infección congénita. La determinación del índice de avidez de los anticuerpos IgG anti-Toxoplasma es una prueba complementaria muy útil en el diagnóstico seroinmunológico de la toxoplasmosis humana. Se basa en el aumento de avidez de los anticuerpos a medida que la infección se hace más crónica; concretamente esta prueba permite distinguir los anticuerpos IgG de baja avicez (producidos en la fase inicial de la infección), de los de alta avidez, en relación con una infección más antigua. El resultado se expresa en forma de índice, cuyo valor, si es superior a una cifra determinada, permite excluir una infección reciente (menos de 4 meses de evolución).

Alteraciones analíticas

HEMOGRAMA
Linfomonocitosis con linfocitos atípicos que recuerda la mononucleosis infecciosa y que obliga al diagnóstico diferencial. Eosinofilia moderada (del 3 al 10%) inconstante.

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