Tratamiento del trastorno de personalidad en la edad avanzada

Los argumentos centrados en la cuestión sobre si el trastorno de personalidad puede tratarse también se aplican en los ancianos. Sin embargo, los objetivos más limitados de la edad avanzada hacen que las intervenciones resulten más beneficiosas.

Tratamiento farmacológico

No existe buena información sobre el tratamiento del trastorno de personalidad en la vejez. De forma empírica, se han empleado diveros psicotrópicos. Entre éstos se incluyen antidepresivos, tranquilizantes y estabilizadores del humor.
La base para la elección de un agente en particular se hace apuntando al síntoma predominante. Sin embargo, las escalas pesan fuertemente contra este tipo de abordaje. Entre los factores negativos más importanttes destaca en muchos casos la ausencia de una relación terapéutica, un pobre cumplimineto del tratamiento y, en ocasiones, el abuso de los fármacos.
Se propuso un abordaje teórico, que podría ser fructifero en un futuro y utilizaría imágenes funcionales. En lugar de tomar diagnósticos generales de trastorno de personalidad, se consideró más útil incorporarr conceptos de los hallazgos neuroconductuales de animales. Las dimensiones a las que se refiere incluyen los conceptos de impulsividad daño-evitación, novedad-búsqueda y recompensa-dependencia. Propone que muchos de estos conceptos ya están asociados a vías de neurotransmisión, y quqe varias de éstas deberían investigarse, incluyendo la activación del eje hipotálamo-hipofissario-adrenal (HHA) y las mediciones de las respuestas específicas. También sugiere que en el caso del trastorno de personalidad, con demasiada frecuencia la terapia farmacológica se dirige a los síntomas en los estados agudos en lugar de tratar los rasgos latentes de vulnerabilidad.

Tratamientos psicoterapéuticos

Terapia cognitivo-conductual
Debería hacerse hincapié en el “aquí y ahora”, en los problemas presentes y en las dificultades conductuales inmediatas. Los síntomas diana de los síndromes, representados por el diagnóstico de trastorno de personalidad, deberían ser los objetivos del tratamiento. Ejemplos de dichos síntomas y conductas serían la impulsividad, el acting o representación, el abuso de sustancias y la conducta suicida.
Entre las adaptaciones especiales, deberían incluirse realizar la terapia a un paso más lento, usar múltiples modalidades sensoriales para presentar el material y, cuando fuese neecesario, emplear un abordaje didáctico. Debería considerarse la posibilidad de inclir ayudas a la memoria. La terapia debe ser de corta duración y orientada al problema y los objetivos planteados.

Terapias dinámicas
Los informes sobre las terapias dinámicas en ancianos con trastorno de personaidad son laragamente descriptivos en lugar de ser evaluativos. Pero es necesario considerar la terapia dinámica para el trastorno de personalidad en la edad avanzada junto con otras modalidades ya mencionadas. En este apartado se incluiría el tratamiento de los trastornos del eje I y la terapia farmacológica sintomática.
También es importante considerar el control de la transferencia en los ancianos. Mientras que en los jóvenes se centraliza soobre los hechos de la infancia y la srelaciones con los padres, en los ancianos con trastorno de èrsonaidad, las experiencias de las etapas más tardías de la vida y la relación “aquí y ahora” con el terapeuta asumen una gran importancia. Existe la necesidad de focalizar en la realidad presente del paciente.
Es importante considerar las cuestiones especialmente relevantes en la vejez, en lugar de la estructura terapéutica que trata a los ancianos en el “rígido sofá” del psicoanálisis clásico. Estas cuestiones se revisan brevemente a continuación:

  1. Duelo, aflicción y pérdida. El trabajo dinámico sobre el duelo y las cuestiones de restitución y refocalización de los vínculos son, así mismo, altamente relevantes para los ancianos. No obstante, el término pérdida es mucho más extenso que duelo. Dichas pérdidas incluyen la pérdida de poder y capacidad física, en especial las que contribuyen a la autoestima de los ancianos, la pérdida del estatus y la del acompañante, y la reducción de los ingresos económicos. Éstas son algunas de las vastas cuestiones a explorar.
  2. Revisión de la vida. Coon frecuencia, en la vejez, existe la necesidad de reevisar el significado de su propia vida, una cuestión que en el momento oportuno puede ser beneficiosa si la realiza un terapeuta. Un abordaje histórico puede ser de mucha utilidad en este aspecto.
  3. Desesperanza aprendida. Muchas situaciones aparecen en la vejez cuando los ancianos se quedan sin esperanza, y cualquier cosa que hagan no puede cambiar el ambiente que los rodea; ni tampoco ejercer poder o influencia sobre sus destinos. En estos casos, las intervenciones terapéuticas provendrán de diversos recursos. Lo más importante es un cambio de actitud en toda la gente que cuida y trata a los ancianos. Es necesario involucrarlos en las decisiones concernientes a sus vidas puestto que es un efecto importante en el sentimeinto de desesperanza. Los tratamientos de terapia cognitivo-conductual también tienen su valor en el cambio de los sentimientos de desesperanza de los pacientes. Finalmente, debería volcarse la atención en proporcionarles a los pacientes un lugar seguro donde puedan desacragar sus sentimientos de rabia e ira, que habitualmente son reprimidos. El paciente necesita sentirse capacitado para influir e incluso hasta manipular en cierta forma al terapeuta. Dicha actitud se opone a todos los abordajes dinámicos aceptados en los pacientes jóvenes. Sin embargo, podría realizarse una adaptación y modificación para el abordaje de los ancianos.

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